Crónica de un tiempo perdido

Y yo que pensaba que valía la pena…

Todo lo que sucedió después… me hizo entender que no. Nada valió la pena.

Construí una ilusión de algo que pensé era real…

Nunca había estado tan cerca de las estrellas… y por un momento olvidé… que era yo.

Era el momento que tanto había esperado… la persona que soñé una y otra vez…

El mundo… mi mundo… todo lo que solamente era capaz de añorar…

Hasta que finalmente se cayó la fachada… y me di cuenta que estaba al borde de un precipicio.

No eran estrellas… eran lagrimas. No había ilusiones… sino incertidumbre… no había mundo… había un inmenso vacío bajo mis pies.

De la manera mas dura me tuve que dar cuenta… que en lo que yo confiaba… en lo que yo había puesto mi fe y mi esperanza… finalmente me había traicionado…

Y lloré… lloré como un niño… lloré porque no entendía que había pasado… lloré porque era la única manera de estallar sin destruir a nadie.

Aprendí entonces lo que era el perdón… no una vez… ni dos veces… sino tres… tres veces perdoné… olvidé todo… olvidé esas lagrimas… olvidé ese inmenso dolor.

Decidí que era lo suficientemente bueno para darnos una oportunidad… pero ¿qué creen? los corazones que en algún momento pensé que estaban sincronizados… y que eso era lo que sobrevivía de todo… resultaron ser corazones ajenos el uno del otro.

Entonces todo… el amor… el perdón… la confianza… todo perdió su sentido…

No sé si algun dia sea capaz de volver a entregar mi corazón sin miedo a salir lastimado…

No sé si algun dia sea capaz de volver a perdonar con esa convicción y esa fe ciega en que alguien verdaderamente puede cambiar…

No lo sé…

Solo se una cosa… que ya todo pasó… para bien o para mal…

Y yo que pensaba que valía la pena…

Hombre sobre todos los hombres y viceversa

Poner a un hombre sobre todos los hombres, es igual al error de un hombre de poner a una mujer sobre todas las mujeres.

Ningun hombre es mejor que otro, y ninguno se merece mas oportunidad que otro. Igual con las mujeres. Lo que si existe es un pánico escénico a conocer que hay mas allá de ese hombre, o de esa mujer, y existe una preferencia absoluta en volver atrás, para sentirse “segura, con paz, que no necesita nada más, incluso enamorada”. Lo mismo le pasa al hombre.

Poner a un hombre y decir que es mejor que nadie, y ya está, es el peor insulto al resto de los hombres. Lo mismo con las mujeres. Nadie es más que nadie, y por consiguiente nadie es menos que nadie. Pero seguimos etiquetando a la gente, para justificar lo que queremos, y sin querer queriendo, forzar las cosas.

Poner a un hombre sobre todos los hombres, es tan erroneo como esperar a que alguien cambie… ¿porqué esperar a que alguien cambie cuando hay gente que ya es como quisieras que fuera? ¿Porqué volver a poner a un hombre sobre los demás? Por testadurez, cabezonada, terquedad, no sé, algun sinonimo de estos. Extrañamente ellas les dan mas valor a esos hombre que “cambian” sobre esos hombres que “ya son como deberían”. Lo mismo con el hombre.

El error de poner a un hombre sobre todos los hombres, es que se está poniendo en riesgo algo… generalmente la dignidad. Cuando ese hombre se ve encima de todos los demás, no se baja, hasta que lo bajas y generalmente logra con esa lo mujer todo lo que quiere, minimo le ofrecen algo que tal vez no había pedido, y se aprovecha. Lo mismo le pasa al hombre con la mujer, pero en menor escala.

La experiencia dice que no hay “historia con final feliz” pero que si se puede “ser feliz al final de la historia” y eso pasa cuando eliges bien. Poner a todos en perspectiva y decir “este no es mas que este, pero este tiene lo que necesito”. Igual con el hombre.

Es falso que las mujeres aman mas que los hombres, por lo menos mas que algunos. Algunas piensan que el hombre perfecto es el que mataría por ellas… cuando hay hombres dispuestos a morir por ellas. Lo mismo con el hombre, de alguna manera.

Pero a estas alturas del partido los hombres no sobran, por alguna extraña razón las mujeres eligen a los mismos, y les dan las mismas oportunidades a los mismos hombres que alguna vez les sacaron el corazón y se lo cercenaron, y generalmente ellas se echan la culpa. Lo mismo con algunos, muy pocos hombres.

Yo he llegado a la conclusión de que las que no saben de amor son la mayoría de las mujeres, porque o confunden un capricho, o fuerzan las cosas, o entregan lo que no debieron por algo que consideraron “amor”. Y de ahí se agarran muchos hombres.

Se dice que al hombre se le conquista por los ojos, pero a la mujer por el oido, y ahí está la debilidad, porque el hombre puede decir todo lo que ellas quieren oir (a diferencia de ellas que pueden arreglarse completamente y no provocar la belleza ante los ojos de él para que la descubra), pero sino aprenden a escuchar, como todas las veces que piden que las escuchen, les llenarán la cabeza de palabras vacías que sencillamente les gustan. Es como cuando el hombre no sabe hablar.

En síntesis, la mayoría de las mujeres están con quien quieren estar y no con quien deben. Lo mismo con los hombres, inversamente proporcional.

Yo no sé para que digo todo esto. No voy a cambiar el mundo si lo digo, y probablemente me gane una que otra enemiga, pero no puedo quedarme absorto a lo que acabo de terminar de descubrir, mas bien que he terminado de confirmar.

No sé para que digo todo esto, si al final ella va a hacer lo que quiere hacer y no lo que debe.

No sé para que digo todo esto, si al final de la novela el que va a sufrir soy yo.

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